lunes, 27 de diciembre de 2010

La niña. 5º capítulo

Despertarse cuando teóricamente estás en shock y no puedes mover ni un milímetro tu cuerpo es bastante extraño, más aún cuando esa misma noche has soñado e, ironías del destino, esa noche sí que recordaba partes separadas de un sueño, en el cual me movía, sentía, hablaba...


Pero al despertarte nada de eso volvía a ocurrir, volvía a ser un chico con un extraño shock, tumbado en la cama de un hospital y el hecho de volver a darte cuenta de la realidad no se hacía nada fácil.


Me había despertado cuando una enfermera encendió la luz y, tras levantar ligeramente la parte frontal de la cama pasó a limpiarme.


La sensación era algo agradable en todos los sentidos, el sentirme limpio era reponedor y ahora tenía una mayor visión de la habitación, todo esto sumado al hecho muy importante de que la nueva enfermera parecía mucho más profesional y sin duda alguna las drogas ayudaban a que me sintiera bien.


- No me lo puedo creer, te han dejado los ojos abiertos.


Vaya, parece que mi privilegio secreto se acaba, sólo me falta esto, no me puedo mover, no sé qué demonios me pasa y ahora ya no podré ver, y lo peor, no se lo puedo decir a nadie, eso ahoga...


Y apareció la oscuridad...


Pero teniendo en cuenta que estaba drogado, que aquello era lo más parecido a una muerte en vida que podía imaginar y que hasta ahora la persona más significativa que me había visitado era Mario, quizá lo mejor que podría hacer es seguir durmiendo, seguir durmiendo sin más...


- Hola.


....


- ¿Hola?


La voz sonaba infantil, como si fuera una niña, quizá la enfermera se había dejado la puerta abierta y oía como una niña saludaba a alguien en el pasillo.


- Se debe contestar cuando se dice hola, ¿es que no has ido al colegio?


Si señor, esta niña llegará lejos


- No me voy a ir a ningún sitio aún, pero me han dicho los médicos que en una semana me podré ir, que ya casi estoy buena


......


- Entonces me iré a mi casa


Si no fuera porque sé que es imposible pensaría que esta niña me está hablando, lástima que no la pueda ver.


- ¿Cómo me quieres ver si tienes los ojos cerrados?


Y dos pequeños dedos me abrieron los ojos suavemente, mostrándose ante mi una niña morena, de pelo liso y ojos preciosos vestida con un pijama y una bata.


- Hola, ahora sí que me puedes ver, ¿verdad?; y una sonrisa preciosa apareció en su cara mientras me miraba.


- ¿Me oyes? ¿oyes lo que pienso?


- Sí.


Y una nueva sonrisa apareció en su boca, mientras en mi cuerpo aparecían miles de sensaciones, desde alegría, hasta sorpresa, hasta incredulidad, era imposible, era una niña, no me podía oír, no puede pasar.


- Si sigues pensando eso dejaré de oírte.


¿Por qué dices eso?


- Porque para que te pueda oír, debes creer que puedo hacerlo.


Pero es imposible, no puedo hablar, nadie puede leer el pensamiento.


- ¿Tan incrédulo eres que incluso ahora eres capaz de negar la realidad? ¿de negar aquello que estás oyendo? ¿hasta tal punto puede llegar tu incredulidad? - el tono de la niña había cambiado, era duro, adulto incluso, todo aquello no podía estar ocurriendo.


- Está bien, si no lo deseas me marcharé


¡NO! ¡No te marches claro que lo deseo!


- Eso está bien, ¡qué bien qué bien! - decía la niña mientras saltaba juguetona, su tono era de nuevo infantil y con ganas de jugar.


Debía tener unos diez años aproximadamente, parecía una niña llena de vida e indudablemente me oía, no entendía el porqué pero indudablemente lo hacía.

- ¿Y por qué estás aquí?

- Tuve un accidente de tráfico, me atropelló un coche y desde entonces no me puedo mover.

- ¿Por qué? ¿Tienes todos los huesos rotos?

- No, parece ser que estoy en un estado de shock, puedo oír y ver, pero no puedo moverme ni hablar.

- ¿Y por qué te ha pasado eso?

- No lo sé, puede que me diera un golpe en la cabeza.

- No, no ha sido eso

La voz de la niña había vuelto a cambiar, volvía a ser seria y adulta, y la seguridad con la que lo dijo y su cambio de tono hizo que todo mi cuerpo se estremeciera.

La puerta se abrió.

- Vamos a ver como está todo. - La enfermera controló que todos los cables inyectados a mi cuerpo estuvieran perfectamente, controló el suero, las constantes, todo, me miró y...

- Vaya, juraría que te había cerrado los ojos - sus dedos volvieron a cerrarlos con mucho cariño, oí como se alejaba, volvía a abrir la puerta y la volvía a cerrar.

Unos segundos de silencio.

Y los mismos pequeños dedos volvieron a abrir mis ojos, la niña me miraba con una cara extremadamente adulta, inteligente, pero también reconfortante, por algún extraño motivo esa niña me hacía sentir extramadamente bien, tranquilo...

- Hola de nuevo - dijo mientras sonreía levemente.

Me quedé tranquilo, tumbado, un pensamiento empezó a recorrer mi mente, la niña oía lo que yo pensaba, ¿pero únicamente cuando me dirijo a ella o siempre?

En ese momento ese pensamiento tan vital dejó de importar, por algo que me pareció todavía mucho más importante.

¡Dios mío, la enfermera no te ha dicho nada!

¡No te ha visto!

....

- Así es Carlos, así es.

No hay comentarios: